Psicóloga, especialista en Bioneuroemoción (2014) Terapeuta Transpersonal Profesora de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal. Facilitadora de Círculos de Mujeres.
miércoles, 2 de julio de 2014
Desde mi rincón
Vuelvo a casa tras casi dos semanas en Zaragoza, días intensos de clases y apuntes, de aire acondicionado a veces congelándote el alma y una habitación de hotel que te recoge al final del día.
Cuántas cosas! qué sencillo es todo y qué complicado lo hacemos por nuestra arrogancia como humanos, batallando contra la biología, contra la cuántica y especialmente contra las emociones. Confieso que he llorado en algunos momentos, también me he reído mucho, reconozco que algunas cosas me han resultado inmensamente complicadas de entender, mejor dicho de aceptar… que mis resistencias saltaban como locas poniendo barreras y barricadas y que finalmente mi mente se ha rendido y he llegado a una comprensión mayor.
Me quedo con la frase que me llegó una noche mientras me daba un baño de espuma: "Almu todo viene de un error de percepción…"
He vuelto a casa y necesito reposar mi cuerpo en mi rincón, descansar y recolocar. Mirar dentro, buscar mi historia, la historia que hay detrás de la historia, no la que me sé, sino la que no me sé. Buscar tantos y tantos errores de percepción y desmontar los pensamientos que había tras ellos, llegar a las creencias ocultas y dejarlas ir…
Bendigo cada cosa que he recordado en éste CP1 de Bioneuroemoción, aunque me haya quitado la alfombra sobre la que me sostenía, aunque ahora no sepa bien cual es mi suelo, bendigo cada momento vivido, cada luz, cada toma de conciencia, cada apertura de ojos y me permito unos días de descanso profundo en mi rincón.
Todo mi cariño
Almu Fuentes
martes, 10 de junio de 2014
Humanidad Compartida
Me cuesta no mirar a los ojos de los seres humanos que me rodean sin abrirme por completo. Me alejo cada vez más de las conversaciones que me bajan la frecuencia como Alma. No deseo dedicar tiempo a sostener temas que no me interesan. Me he ido al egoísmo más primario. Deseo Humanidad Compartida. Intercambiar desde lo profundo, a través de una mirada, de un gesto, de un silencio, de un abrazo, de un beso, de un suspiro… pero intercambiar. Hacer ese viaje desde el corazón, decirte que Te Veo, que me importas, que Estoy. Saber que para ti también soy visible.
Vivo con la sensación de querer seleccionar aquello que hago, estar atenta a los encuentros que se producen, hacer el viaje al otro con amor y creando un espacio de seguridad… tomar la brújula del latido cardiaco en la mano y dejar que me guíe. Vivir cada momento observando la belleza, el misterio que hay detrás de cada encuentro. Humanidad compartida, mano con mano, corazón con corazón, piel con piel y un Si a la vida, con todo.
Almu Fuentes
miércoles, 4 de junio de 2014
Las bellotas que me adornan
Las bellotas me gustan mucho. Me traen recuerdos, me dejan pistas, me hablan de naturaleza, de tener el propio sostén emocional en esa cáscara que traen y que tarda en desprenderse.
Las bellotas simbolizan para mi, aquellos acontecimientos en forma de aprendizajes que te van apareciendo cada día.
Hoy jueves, antes de emprender el último fin de semana de un camino de tres años de una profunda formación, quiero recordar aquellas bellotas que he abierto y con las que he aprendido tanto, también aquellas que no me he atrevido aún a abrir y llevo a la espalda pendiente de hacerlo y como no! tomar conciencia de aquellas cáscaras que porto en mi mochila de peregrina en forma de resentimiento.
He aprendido que el perdón no te lo tiene que conceder nadie, sino tu misma. Que ser amable y compasiva contigo te permite andar ligera de equipaje.
Que la vida es un juego de consciencia, que tomársela demasiado en serio lo hace tedioso y aburrido.
Que todos los que te rodean son auténticos maestros y por lo tanto inmensos regalos.
Que cuando deseas algo de corazón y eso favorece al sistema, el Universo entero conspira para que lo consigas.
Que la paz interior se encuentra en el silencio, en la contemplación, en la meditación.
Que no aprendemos nada, solo recordamos.
Que nunca estás solo aunque lo creas.
Que el único juicio es aquel que nos hacemos a nosotros mismos.
Que cada ser es especial y único y coincidir es algo mágico.
Que doy gracias a mis padres por la vida y a mis hijos por elegirme para llegar.
Tengo pendiente aprender a controlar mis miedos, a confiar más en mi, a ser más flexible, a aumentar la paciencia, a ser menos rebelde, a aceptar lo que deciden los demás, a convertir el tiempo en algo imaginario.
Quiero soltar los resentimientos que llevo cuando he sentido que me exigían demasiado, cuando no me he sentido libre, cuando me he asustado con los reproches.
Y quiero agradecer cada momento que respiro, esta mañana soleada, la vista desde mi ventana, el sol que me ha despertado y todas las bellotas que van a ir apareciendo en mi camino.
Feliz fin de semana
Almu Fuentes
lunes, 26 de mayo de 2014
Confiar en cada ola
Confiar y esperar…
Confiar en que lo que está ocurriendo es justo aquello que tiene que ocurrir, aunque a veces no lo comprendamos, aunque nos haga sentir dolor, confiar…
La vida te sorprende con momentos inesperados que cambian las cosas, que provocan giros que no teníamos previstos, que ni tan siquiera habíamos imaginado… momentos mágicos, casi milagrosos que de pronto te hacen sentir que estás en el camino, que el poder de tu destino es mayor que cualquier pensamiento, que cualquier decisión personal.
Ayer viví uno de ellos y cuando me sucede… algo grande y profundo se abre en mi.
No tengo que hacer nada en especial, solo aquello que la vida me traiga, cada encuentro, cada momento no es por casualidad, ni tan siquiera sabemos al lugar al que nos lleva y hay que seguir confiando, confiar en el viaje que no es otro que la vida, confiar en que todo lo vivido ha merecido la pena y nos ha llevado al lugar en el que estamos hoy.
Pero eso no significa sentarse, ni esconderse, ni ignorar, no significa no moverse, significa estar atenta, preparada, salir al paso de cada cosa que nos sucede, porque hasta la más mínima ola puede ofrecernos un apasionante viaje.
Almu Fuentes
lunes, 19 de mayo de 2014
Flexible y frágil
Cuando tomas consciencia de tu fragilidad, te das cuenta de tu flexibilidad. Siento que no hay lo uno sin lo otro. En los últimos días me observo y pongo atención en mis movimientos.
¿Podría yo ser un junco fino y alto a merced del sol, la lluvia y el viento, sin a la misma vez ser absolutamente flexible para adaptarme a cada momento?
Y si soy un junco flexible y a merced del viento, ¿puedo no sentirme frágil? ¿vulnerable?
Puedo exigirle al sol que brille cuando lo necesito? a las nubes que dejen caer agua sobre mi cuando estoy sedienta? o que me cubran por entero cuando me acaloro? Puedo pedirle al viandante que mire bien por donde va para que no me pise en su andar despreocupado? Puedo rogar que no me arranquen de mis raíces para colocarme junto a otros juncos en forma de ramo en el quicio de una ventana? Puedo?
A menudo mi mente cree que puede pedir todo lo anterior, a veces creemos que tenemos poder sobre prácticamente todo, de esa forma imaginamos tomar el control de nuestras vidas y nos entra el miedo. La vida se abre ante nuestros ojos cada mañana, amanece aunque desees que no lo haga, oscurece aunque pongas todo el empeño en que el sol no se oculte. Las estrellas brillan o no sin poder controlarlas, el viento sopla o no sin poder manejarlo. Respiramos si o si mientras estamos aquí y ante éstos hechos, yo miro sorprendida y a veces con los brazos en jarra cada amanecer, haciéndome la misma pregunta: quién soy? que poder real tengo? hacia donde voy?
En momentos de silencio, contemplación y meditación, aparecen sutilmente algunas respuestas y entonces… quiero quedarme ahí, quedarme en mi respirar consciente, en el fluir interior, en la paz de la mente que nada exige y todo agradece. En los acordes de un piano o del sonido de la naturaleza, en el vacío de no tener que hacer nada, de no esperar nada, de no desear nada…
Cuando salgo del silencio vuelve mi mente y valora, juzga y espera, se lamenta por lo no alcanzado y sobre todo por lo perdido y es ahí, cuando ha de volver la imagen del junco, ligero, fresco y auténtico.
Y porque nada espero y todo agradezco, honro esta mañana de lunes a mi junco interior mientras le miro con admiración, respeto e inmenso amor.
Almu Fuentes
lunes, 12 de mayo de 2014
Aprender a reconocer al Faraón
Kayzen, El Escorial… 10.30 de la mañana. Un grupo de personas hacemos silencio dentro de una gran sala de meditación. Respiro y siento que mi corazón late muy deprisa. Cierro los ojos y me sorprenden las lágrimas… desde mi parte racional no entiendo, me pregunto el por qué, no hay respuesta, desde lo profundo siento una emoción que no puedo contener. Respiro, respiro, respiro…
Consuelo Martín, doctora en Filosofía, especialista en Metafísica Advaita, profesora colaboradora de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal… y de pronto, abro los ojos llorosos y observo a una mujer mayor, delgada, de pequeña estatura, con aspecto frágil, gafas y paso firme. Se sienta y nos mira, sonríe, comienza a hablar. Como compañera una vela y una botella de agua.
Debo de ser muy impresionable y seguro (siempre me lo han dicho) que exagerada, pero lo que sentí ante la mirada de aquel Ser no puedo describirlo con palabras, no fui la única, siento que el sentir y la paz de la que se llenó aquella sala, no es algo frecuente, al menos para mi.
El mensaje que nos traía no era nuevo, pero tal vez yo estaba más preparada en ésta ocasión, porque mi percepción de mi misma de alguna manera, ha saltado por los aires. Nos habló de la Gran Mente y de la mente pensante, la pongo en minúsculas porque estoy bastante molesta con ésta última, molesta por decir algo.
La mente pensante, el ego, el yo, o como queramos llamarlo, a mi hoy me da igual, es como un faraón al que creemos a pies juntillas. Maneja nuestra vida a través de los pensamientos y las creencias, juzga, culpa, venga, siente pasión, nos provoca dolor, critica, nos hace dudar permanentemente… es fuerte porque le hemos dado TODA la importancia. Un cuerpo y una mente pensante, así es como yo me he movido durante 50 años y prometo que trabajo un montón, todo lo que creo que puedo. Pero claro, trabajaba mal, estaba llevando piedras hacia el lado que me decía mi Faraón para hacer una simbólica nueva pirámide. Una pirámide que me prometía protección, seguridad, éxito y ausencia de carencias.
Confieso que soy un ser humano muy simple, muy sencillo y no alcanzo algunas teorías, ahora sé que es por eso, porque me siento limitada por mi mente pensante y por lo que creo que soy.
Consuelo nos dijo que ella también tiene mente pensante, pero no la cree. Ya está. Con eso me quedo, ella no la cree, no se cree lo que le dice, medita, silencia y sobre todo Contempla la naturaleza. No cree cada pensamiento que le llega del faraón, cada peligro del que le avisa, cada carencia que le anuncia, no la cree. Qué fácil suena y yo… yo la he creído. He creído a mi faraón durante tantos años, tantos que no pude parar de llorar sintiendo una profunda compasión por mi misma.
Por qué Consuelo?, le preguntó un compañero y mi mirada se clavó en su mirada… porque como dice Nisargadatta, así es El Universo. Y a mi me valió, fui consciente de mi grado de "estar dormida" y de mi gran deseo de despertar.
Empezaré por ahí, por darme cuenta de que me mi mente pensante me distrae, me ocupa con cosas que me enredan, que me asustan, que me encogen, que me hacen sufrir. Me habla de separación y no acepta más que aquello que consigue pasar su filtro de la razón. Busca explicaciones y lógica, pero no es real. Está jugando a un juego que yo no deseo jugar, no me importa quién lo empezó, si simbólicamente Adán o fue Eva, me da igual. Y ahora que hago??
De momento dejarme sentir, dedicar un tiempo a la contemplación, a escuchar mi intuición que me lleva al Plan Divino y poner mucha atención por si la mente pensante viene disfrazada con ropajes ya conocidos. Pararme y sentir, respirar y sentir. Mi primer trabajo será aprender a reconocerla, si consigo hacerlo, podré esquivarla y tal vez poco a poco comience a no creerla… aprender a reconocer al Faraón, ese al que le entrego mis miedos y me los devuelve multiplicados por tres, ese que me cuenta que soy culpable y luego juega conmigo y me habla de inocencia y de que no permita que me culpen, ese que me habla de amor y no me lo concede, ese que me dice que soy pequeña cuando le interesa, que no valgo nada, para luego reñirme y avergonzarse de mi. Ese que me dice que no hago lo suficiente, que me maneja a impulsos sin coherencia, que me dice una cosa y luego otra.
Adios Faraón, hoy comienzo mi camino de vuelta a casa, pensé que estaba en el camino… pero me he dado cuenta de que no. Seré poco a poco como los lirios del campo que no se preocupan del sol y del agua, sé que no será fácil (el faraón ya me lo está diciendo… que no podré cumplirlo, que no tengo voluntad), pero con pasos muy cortos, en silencio, con confianza en mi Gran Mente, contemplando… abrazando a aquellos que amo en representación de todos los que somos, los que estamos unidos, al menos voy a alejarme de su poder.
La vida es un juego, pero no el del faraón, sino el de los milagros permanentes, el de los encuentros sincrónicos, el del azar como ley aún no descubierta. El de los mensajes que te llegan como señales, el de los abrazos profundos, el de las No palabras, el de mirarse a los ojos, el de creer en los COMODINES que nos llegan de pronto y nos sorprenden, la vida es un juego en el que no debemos saber en la casilla en la que estaremos mañana, en el que ponernos blanditos, flexibles, como los juncos… La vida es un juego de naturaleza, de colores, de paz, de incógnitas, de luz.
Gracias Consuelo, gracias sabia gran mujer de paz interior. Gracias por mirarme y dejar que me viera a través de tus ojos.
Almu Fuentes
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