Psicóloga, especialista en Bioneuroemoción (2014) Terapeuta Transpersonal Profesora de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal. Facilitadora de Círculos de Mujeres.
jueves, 31 de enero de 2013
Donde quiera que llegues... ahí estás.
Parece sencillo ¿verdad?... pero muchas veces no lo es.
Aceptar donde estamos sin resistencia aumenta nuestra fuerza interior porque resistirse es debilitarse, es darle motivos al ego para luchar con la mente y desde la mente somos mucho más vulnerables.
Acepto. Acepto lo que hay, donde estoy y el lugar al que he llegado que es solamente hoy, sin resistirme.
Me pongo blando y no lucho. Acepto incluso que me cuesta aceptar. Me rindo.
Rendirse no es perder, rendirse es fluir, es no oponerse, es no resistirse. El ego no puede sobrevivir a la rendición. Rendirse es de valientes porque no hablamos de entregar el poder a otro, no hablamos de doblegarse ante otro, hablamos de aceptar lo que hay. Cuando hace mucho frío, me rindo ante el frío, me pongo suave, blando, me relajo y entonces siento menos frío, pero si me quejo, si me resisto, el frío aumenta y me desespera.
La aceptación y la rendición me aportan equilibrio y el equilibrio me aporta paz.
Cualquier situación ante la que nos encontremos tiene una solución, una vía para sentirse mejor, y esa vía es la rendición. Mírate en el espejo y dí, está bien, me rindo, acepto. Pruébalo, se siente una inmensa paz, una sensación de no tener que seguir luchando, un descanso inmenso. Y si te cuesta, acéptalo también, acepta tu resistencia a aceptar, ¿qué lío no? Si, pero no importa, rindete y acepta y eso te convertirá en un ganador.
almufuentes@gmail.com
miércoles, 30 de enero de 2013
Tocar la pata de un elefante, es solo tocar una parte de él
Había una vez un reino lejano que tenía una extraña peculiaridad: todos sus habitantes eran ciegos. Por aquel entonces se hablaba de la existencia de un misterioso animal que todos perseguían y nadie podía describir. Solo conocían su nombre: Elefante.
Sucedió que un otoño, viniera un rey acompañado por su cortejo y acampó con su elefante cerca del lugar. Los habitantes más atrevidos, no pudieron resistir la tentación de ir a palpar al animal.
A su regreso al reino, todos aguardaban para conocer las explicaciones que traían.
El que había palpado la trompa dijo: "Puedo jurar por el honor de mi estirpe que es como un tubo recto y hueco, horrible y destructivo". Le siguió el turno al que había palpado la panza: "Yo sé la verdad, es una masa enorme, abultada e inabarcable. Permanece tranquila y parece moverse con lentitud". Por fin le llegó el turno al que había tocado las patas: "Es poderoso, recto y firme como un pilar. Os lo juro".
Las creencias que tenemos, es decir lo que conocemos de cada cosa, nos hace muchas veces mantenernos firmes en nuestras posturas, creyendo que todo es tal y como nosotros lo vemos. Sin embargo, aceptar el punto de vista de otros, nos permite conocer más cosas y enriquecernos.
Hoy he pensado cuántas cosas veo yo desde mi corta vista y pongo mi intención en aceptar lo que otros ven, pues como en el cuento de el elefante, no hay verdades absolutas, nada es tan real como lo creemos, todo depende de la vivencia de cada uno y en definitiva de la parte de "ese elefante" que cada uno hemos tocado. A partir de ahora, cada cosa que forma parte de mis creencias, la consideraré no como "lo único" sino como parte de un todo que no es necesario defender con uñas y dientes.
El cuento de El elefante ésta mañana, me ha vuelto a dibujar una sonrisa. Feliz mañana.
almufuentes@gmail.com
lunes, 28 de enero de 2013
A la distancia adecuada
El Universo nos provee de continua sabiduría. El sol por ejemplo está a la distancia correcta de la tierra, si estuviera más lejos, nos congelaríamos, si estuviera más cerca, nos quemaríamos.
Eso mismo nos ocurre con todo en la vida, la familia, el trabajo, los hijos, los amigos, la pareja...
Colocarse a la distancia adecuada es un ARTE, un arte que se va aprendiendo poco a poco, a base de fallar y volver a intentarlo.
Los seres humanos tenemos una clara tendencia a los extremos, por ese motivo, en muchas ocasiones nos movemos entre el frío extremo y el calor abrasante, pero lo cierto es que "estamos muy bien hechos" y si ponemos consciencia y atención, somos capaces de encontrar esa posición media llamada equilibrio.
Equilibrio entre amar y odiar, entre descuidar y sobre proteger, entre no estar en el trabajo o convertirlo en el único objetivo de nuestra vida. Equilibrio entre comer o ayunar, entre dormir un montón de horas o apenas pegar ojo, entre convertirnos en obsesos del deporte o no subir ni siquiera las escaleras. Equilibrio entre el orden extremo o el desorden absoluto, entre hablar por teléfono varias veces al día con una amiga y olvidar a otras, entre hablar sin parar o encerrarnos en un rincón...
El arte de encontrar la distancia adecuada está en cada uno de nosotros, como una gran lente que enfoca o desenfoca, que acerca o aleja... eso hoy, me da la oportunidad de ver algunas cosas de una manera diferente.
almufuentes@gmail.com
domingo, 27 de enero de 2013
Cuando sea muy mayor quiero...
Cuando sea muy mayor quiero:
Estar en paz con mis hijos y que no sientan que soy una obligación para ellos. Que me visiten cuando lo deseen y abrazarles haciéndoles saber que mi amor es incondicional, prometo no obligarles a comer lo que no quieren, esa galletita con la que las personas mayores a veces se ponen muy pesadas y que en ocasiones agobia... esa ensaladilla rusa que tanto trabajo me ha costado, y que se convierte en un hábil juego de manipulación. Quiero escucharles con atención cuando quieran hablar y silenciar cuando no lo deseen. Amar a mis nietos y respetar la personalidad de cada uno de ellos, no ser pesimista y acompañarles en sus historias cotidianas.
Quiero intentar no dormirme horas y horas en la butaca de orejeras, evitar engancharme el día entero en los programas de la tele. Quiero no caer en el cotilleo de lo ajeno, evolucionar con mis hijos y mis nietos sin juzgar sus vidas. Recordar donde puse mis gafas y seguir saliendo con mis amigos a sentarme en un banco para hablar de la vida, tomar el sol y reírnos.
Para conseguir todo eso, tengo que comenzar ya a descubrir esas cosas que me gusta hacer, crear buenos vínculos con compañeros amorosos y positivos, ser más paciente y no caer en las exigencias. Romper la pereza y crear planes que nos den la oportunidad de reunirnos más de vez en cuando de lo que lo hacemos. Quiero ser una viejecita adorable, que cuente historias a quien quiera escucharme, quiero ser una anciana valiente y sobre todo haber vivido con mucha consciencia.
almufuentes@gmail.com
Mi rama
Cuando yo era pequeña iba a un colegio a 40 kilómetros de Madrid, en pleno campo. No sé bien si las obras no habían finalizado o si el dinero se les había acabado a esos padres y religiosas que lo crearon, el caso es que más allá del edificio blanco con grandes ventanas, no había ninguna limitación. Cada mediodía después de comer, nos adentrábamos entre las jaras, amapolas, charcas con renacuajos y moreras.
En la rama de una enorme morera pasé muchas horas sentada hablando con mis amigas e incluso algunos días yo sola. Tengo en mi recuerdo momentos que pasan frente a mi de aquella niña de pelo largo que jugaba con las espigas y los gusanos de seda, que veía pasar las estaciones del otoño al verano con la inmensa suerte de oler permanentemente a campo.
Esa es la rama en la que me visualizo en muchas ocasiones. Los niños no piensan en que pueden caerse, solo están, solo se atreven. Siento que en realidad lo que ocurre es que cuando miramos lo que puede pasar ponemos en marcha los miedos, pero si nos centramos solamente en lo que estamos haciendo, en el aquí y el ahora, somos capaces de disfrutar sin temores.
almufuentes@gmail.com
viernes, 25 de enero de 2013
Flora y yo
Flora es un nombre inventado como todo y además no inventado por mi, también como todo. Es un nombre que no me recuerda a nadie y que me vino a través de una buena amiga, una gran maestra, como casi siempre. Flora es mi mente, yo... soy Almu.
Pero las dos somos una y a la misma vez somos dos... ¿qué lío no?
Almu necesita a Flora y Flora necesita a Almu. No podemos separarnos, estamos juntas en ésta aventura y amarnos, respetarnos, aceptarnos, convivir es el gran objetivo.
Flora es la portadora de los miedos, de las creencias, tiene una memoria asombrosa, es a veces rencorosa, rabiosa, débil, criticona, egocéntrica, pero a la vez es la que toma nota de nuestras experiencias y me avisa de un montón de cosas que no recordaría si no la tuviera. Almu es compasiva, amorosa, generosa y carece de memoria para recordar lo malo.
A veces nos enfadamos, no nos ponemos de acuerdo, a veces una domina a la otra y perdemos el equilibrio.
Confieso que hay momentos en los que le digo que se calle, que estoy cansada de ella, e intento ocultarla, esconderla, acogotarla, pero se que somos un equipo, amarradas por los pies como dos siamesas que no pueden hacer casi nada la una sin la otra y cuando eso ocurre, Almu se hace un poco más consciente y comprende que no hay culpa en Flora, ni mala intención, es mi gran pareja, tal vez la única, mi dualidad, mi amiga, mi compañera y por qué no reconocerlo... la quiero.
Cuando la abrazo y le digo que la quiero, Flora es más feliz y eso revierte directamente en las dos. Hoy ser consciente de mi Flora me ha dibujado una sonrisa. ¡Feliz fin de semana!
almufuentes@gmail.com
jueves, 24 de enero de 2013
Crear un rincón y darle magia
Merece la pena pararse a observar, cuál es el espacio de mi casa en el que mejor me siento. Muchas veces, colocamos los muebles, las camas, de la forma que mejor encajan en las habitaciones, pero no de la forma que mejor disfrutamos, por ejemplo de la luz, o de una bonita vista.
Cuántas veces las terrazas se convierten en una especie de trastero en el que vamos amontonando todo lo que no nos atrevemos a tirar, sin embargo, si le ponemos un poco de ilusión y una pizca de magia, podemos crear en una terraza muy pequeña un espacio que nos aporte mucha felicidad. Unos cojines, unas flores, una manta y transformaremos con nuestra imaginación un rincón que antes no nos decía nada.
Soñamos con grandes espacios en los que disfrutar, pero nos cuesta disfrutar de lo que ya tenemos.
Las casas están llenas de lugares que pueden transformarse, solo es cuestión de poner atención y sin necesidad de ser decoradores, simplemente con consciencia e ilusión, podemos, como con una varita mágica crear para nosotros lugares amorosos.
Cada vez que me recuerdo ésto... avanzo, creo, sueño y me siento un poco más feliz.
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