miércoles, 13 de febrero de 2013

El malo de la clase... también soy yo



Mi parte mala, la que hiere, la que trato de ocultar, la que no me gusta, de la que me avergüenzo me señala algo, es un maestro que me llega para avisarme, falta espacio, falta amor, sé consciente, hazlo consciente.

El ego no acepta aquellas partes que por creencias se han rechazado, y me dice que yo no soy éste niño de la foto de mirada peleona y retadora, que seguramente acaba de batirse en duelo con un compañero de clase, yo, por el contrario soy un amor, una princesa, un ser bondadoso, generoso... y bla bla bla

Pero si miro a los ojos de éste niño, me veo a mi misma y por eso, me cuesta aguantar la mirada.

El enfado nos habla y a mi particularmente me dice, me grita: QUIERO AMOR. Lo veo a menudo en los ojos de mis hijos, en mi rebeldía, en mis caídas. Los niños malos no son malos, están solo necesitados de amor.

Observemos a los niños que nos rodean, observemos al niño interior y cuando su mirada sea como la del niño de la foto, pongamos atención plena porque, el malo de la clase solo quiere amor, mi parte mala solo quiere amor y detrás de esa mirada solo hay miedo, miedo a no tener amor.

Mi gasolina es el amor, mi enfado... es simplemente una señal.

almufuentes@gmail.com




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