lunes, 10 de diciembre de 2012

Las experiencias son nueces del camino


Mientras caminamos cada día, vamos encontrándonos experiencias. Pongamos que son experiencias sin más, es verdad unas son buenas, otras malas, unas maravillosas y otras horribles, pero todas son experiencias, necesarias o al menos, obligatorias.

Imagina que las experiencias son NUECES, unos frutos que te vas encontrando y al igual que las experiencias, son imposibles de ignorar. Voy caminando... me encuentro con una nuez y no tengo más remedio que cogerla, sin embargo una vez que ya está en mi mano, puedo hacer varias cosas:

Una, cojo la nuez y no la abro, me pierdo lo que lleva dentro bueno o malo, no lo sé, pues al no abrirla desconozco su interior, la tomo entre mis manos y la meto en el saco que llevo a mi espalda. ¿Cuántas nueces llevas a tu espalda sin abrir? Yo personalmente creo que muy pocas, por lo general, soy bastante Kamikaze, incapaz de dejar pasar lo que me acontece... pero esa soy yo, no tú...


Dos, cojo la nuez y me la como, no hay más remedio, amarga o dulce, era mi nuez y ya está. Pero a veces, muchas veces, más de las que somos conscientes, nos comemos la experiencia y guardamos las cáscaras en forma de rencor, de sinsabores, de rabia, de dolor. ¿Cuántas cáscaras llevas en tu saco? Yo particularmente he llevado muchas, hasta que descubrí que tengo que preguntarme a mi misma ¿por qué?¿ por qué motivo quieres seguir llevando tantas cáscaras a tu espalda?

Una asistente a mis talleres me trajo un día un saco de fósiles que guardaba desde hacía años en su casa, esos fósiles, al igual que las cáscaras de nuez, le recordaban una bonita tarde de paseo compartida con su padre. El padre ya no está y los fósiles le recordaban el momento que vivió...

Entonces le pregunté, ¿cuál es el fruto de éstos fósiles? por supuesto la experiencia vivida, me contestó muy segura,  y ¿qué son las piedras, qué representan? claramente las cáscaras que me pesan, que ocupan un espacio en mi casa, que temo soltar por no olvidar el momento que viví.

A los dos días trajo los fósiles al grupo de trabajo y los soltó.

La experiencia es lo que tenemos que vivir sin remedio, los recuerdos de las experiencias vividas no necesitan envoltorios, las cáscaras que llevemos dependen de nosotros. Hoy te animo a reconocer las cáscaras que llevas y a soltarlas si te apetece.

almufuentes@gmail.com

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